Primeros pasos

Qué necesito para empezar a coser (guía para principiantes)

Love to Flow · 3 de agosto de 2026 · 6 min de lectura

Si alguna vez te has preguntado qué necesito para empezar a coser y has terminado en una tienda mirando estanterías llenas de cosas con nombres raros, respira. La respuesta corta es: mucho menos de lo que crees. No hace falta una máquina, ni un costurero de la abuela, ni un curso de meses. Para dar tus primeras puntadas te basta con lo que cabe en la palma de una mano. Y creo que ahí está la belleza de coser: es de las pocas aficiones que puedes empezar hoy, en el sofá, con un rato pequeño y sin gastar apenas.

Te lo cuento como me habría gustado que me lo contaran a mí: sin lista de la compra infinita y sin hacerte sentir que te falta algo. Vamos con lo esencial de verdad.

La lista corta: lo que de verdad necesitas

Para coser a mano, esto es todo lo que hay que tener a mano el primer día:

Una aguja. Empieza por una de tamaño medio, ni muy fina ni muy gruesa. Las que llaman «de zurcir» o «universales» van perfectas para tela normal y para aprender. Si vienen en un sobre variado, mejor: así pruebas y te quedas con la que te resulte cómoda.

Hilo. Un carrete de hilo de poliéster o de algodón en un color neutro (blanco, gris o beige) te sirve para casi todo. Los de poliéster son resistentes y perdonan mucho al principiante. No necesitas veinte colores; necesitas uno con el que practicar.

Unas tijeras que corten. No hace falta que sean de sastre ni caras. Lo único importante es que estén afiladas y, si puedes, que las reserves solo para tela: cortar papel con ellas las estropea antes de tiempo. Unas pequeñas de bordado o incluso unas de manicura sirven para empezar a cortar hilo.

Tela para practicar. Cualquier retal vale: una camiseta vieja, un trozo de sábana, un paño de cocina que ya no uses. De hecho, es lo ideal. Practicar sobre algo que no te importa estropear te quita de encima la presión de hacerlo perfecto.

Y ya está. Con esas cuatro cosas puedes coser un botón, cerrar una costura que se ha abierto o hacer tus primeras puntadas decorativas. Todo lo demás es opcional y puede esperar.

Empezar no es reunir el material perfecto. Es dar la primera puntada con lo que ya tienes.

Lo que NO necesitas (todavía)

Aquí es donde mucha gente se atasca antes de empezar, así que quiero quitarte peso. No necesitas una máquina de coser. Coser a mano es más lento, sí, pero también es más tranquilo, más silencioso y mucho más fácil de meter en un rato pequeño. Puedes hacerlo con la peque durmiendo la siesta al lado, cosa impensable con una máquina en marcha.

Tampoco necesitas un dedal desde el minuto uno, ni un descosedor sofisticado (unas tijeras finas hacen ese trabajo al principio), ni alfileres carísimos, ni una plancha profesional. Todo eso llega solo, cuando tú misma notas que te haría falta. Comprar de más antes de empezar suele acabar en un cajón lleno y en la sensación de «esto no es para mí». Y sí es para ti.

Las primeras puntadas que vas a usar

Con la aguja enhebrada y un nudito al final del hilo, en realidad solo necesitas conocer tres gestos para desenvolverte:

El hilván es la puntada más sencilla: entras y sales de la tela con puntadas largas y separadas. Sirve para sujetar dos telas antes de coserlas bien, y es la ideal para tomarle el pulso a la aguja sin agobios.

El punto recto (o bastilla) es como el hilván pero con puntadas más cortas y juntas. Es el que usarás para unir de verdad dos trozos de tela.

El pespunte es el más resistente: cada puntada retrocede un poco sobre la anterior, dejando una línea continua parecida a la de una máquina. Es el que aguanta un tirón sin abrirse. Con estos tres tienes de sobra para tus primeros proyectos.

No te preocupes si al principio salen torcidas o desiguales. Se deshacen y se vuelven a hacer, y en ese deshacer también se aprende. Nadie cose bonito el primer día, y no pasa absolutamente nada.

¿Y por qué molestarse en aprender?

Más allá de arreglar un dobladillo o pegar un botón sin depender de nadie, coser tiene un efecto sobre cómo te sientes que a mí me sorprendió mucho. Cuando ocupas las manos en un gesto repetido y tranquilo, la cabeza baja el volumen. La atención se estrecha a la aguja y a la tela, y por un rato dejas de dar vueltas a todo lo demás.

Y esto no es solo una sensación mía. Una encuesta internacional de Riley, Corkhill y Morris (2013), publicada en el British Journal of Occupational Therapy, encontró que quienes tejían con frecuencia se sentían más calmadas y de mejor humor. El estudio «Happy Hookers» de Burns y Van der Meer (2020) observó algo parecido con el ganchillo, y una revisión reciente de Bukhave y su equipo (2025) concluyó que las actividades manuales pueden apoyar el ánimo y el bienestar. Si te apetece, lo cuento con calma en este artículo sobre lo que le hace coser a la mente.

Un apunte honesto: coser es una herramienta de bienestar, no un tratamiento. Ayuda a bajar el ritmo y a sentirte mejor, pero no cura la ansiedad ni sustituye la ayuda de un profesional. Si estás pasando por un momento difícil, coser puede acompañarte y, a la vez, mereces buscar apoyo de verdad. Las dos cosas caben.

Cómo empezar hoy, sin excusas

Mi consejo es que no esperes a tenerlo todo. Coge una aguja, un hilo, unas tijeras y un retal, y regálate diez minutos. Enhebra, haz un nudo y practica un hilván de lado a lado de la tela. Solo eso. Verás que, sin darte cuenta, llevas un rato sin mirar el móvil y con la respiración más lenta. Si quieres, puedes convertir ese rato en un pequeño ritual: te cuento cómo en costura y mindfulness.

Empezar a coser no va de saber mucho ni de tener mucho. Va de sentarte con lo justo y dejar que las manos hagan. Lo demás, el material bonito, las telas, los proyectos, ya vendrá cuando tú quieras. Hoy te basta con dar la primera puntada.

Empieza con todo ya preparado

«Quiero usar mis manos» es un kit pensado para empezar sin líos: tarjetas paso a paso, un vídeo en cada una (para diestras y zurdas) y hasta la aguja y el hilo dentro. Nada que buscar, solo empezar.

Descubre el kit

Fuentes citadas:

· Riley, J., Corkhill, B. y Morris, C. (2013). The Benefits of Knitting for Personal and Social Wellbeing in Adulthood: Findings from an International Survey. British Journal of Occupational Therapy, 76(2).

· Burns, P. y Van der Meer, R. (2020). Happy Hookers: findings from an international study exploring the effects of crochet on wellbeing.

· Bukhave, E. B. y cols. (2025). The effects of crafts-based interventions on mental health and well-being: A systematic review. Australian Occupational Therapy Journal.