Puntadas básicas de costura a mano: cuáles son y para qué sirven
Cuando empiezas a coser, la lista de puntadas que encuentras por internet asusta un poco: bastilla, pespunte, festón, sobrehilado, punto de cadeneta, punto de cruz… Respira. La verdad es que las puntadas básicas de costura a mano que necesitas para resolver casi todo lo que se descose en casa se cuentan con los dedos de una mano. En este artículo te cuento cuáles son, para qué sirve cada una y cómo se hacen, sin tecnicismos y sin prisa. Con cuatro tienes de sobra para empezar.
Te las presento en el orden en que se las enseñaría a alguien que nunca ha cogido una aguja: de la más sencilla a la que ya te deja presumir un poco. No hace falta que las domines todas hoy. Aprende una, cósela hasta que te salga casi sola, y pasa a la siguiente. Así, sin agobios, es como se queda de verdad.
¿Qué son las puntadas básicas de costura?
Una puntada es, sencillamente, la forma en que la aguja entra y sale de la tela para unir, rematar o decorar. Cambiando cómo y en qué dirección das cada puntada consigues cosas distintas: una costura que aguanta un tirón, un borde que no se deshilacha, un dobladillo que no se ve por fuera. Todas las costuras del mundo, por complicadas que parezcan, son en el fondo unas pocas puntadas básicas repetidas con paciencia.
Para coser a mano en el día a día te sobra con estas cuatro: la bastilla, el pespunte, el punto escondido y el punto de festón. Cada una tiene su momento. Vamos a verlas una a una. Y si antes quieres repasar lo previo —cómo enhebrar la aguja, hacer el nudo y rematar—, lo tienes paso a paso en la guía de cómo coser a mano.
La bastilla (o hilván): tu primera puntada
La bastilla, que muchas conocemos como hilván, es la puntada con la que todo el mundo empieza, y con razón: es la más sencilla que existe. Se hace entrando y saliendo de la tela en línea recta, avanzando siempre hacia delante, de modo que arriba y abajo te quedan puntadas del mismo largo, como una fila de guiones.
Sirve para unir dos telas de forma provisional antes de coserlas en firme, para marcar una línea o para fruncir una tela (si tiras del hilo, la tela se recoge sola). Es también la puntada perfecta para practicar: intenta que todas midan más o menos lo mismo, medio centímetro está bien, y no aprietes el hilo o la tela se arruga. Al principio te saldrán desiguales; en unos centímetros la mano coge el ritmo sola.
El pespunte: la puntada que de verdad aguanta
Cuando quieres una costura seria, de las que no se abren al primer tirón, la puntada es el pespunte. Es la más resistente que puedes hacer a mano porque imita la costura de una máquina: una línea continua y firme, sin huecos entre puntada y puntada.
El truco es que, en lugar de avanzar siempre hacia delante, das un pequeño paso atrás con cada puntada. Sacas la aguja por el derecho de la tela, la clavas de nuevo hacia atrás (en el punto donde terminó la puntada anterior) y la vuelves a sacar un poco más adelante. Por arriba ves una línea seguida; por debajo, las puntadas se montan unas sobre otras. Es la que uso para cerrar la costura descosida de una camiseta o un pantalón, porque aguanta el uso y los lavados sin rendirse.
El punto escondido: para dobladillos que no se ven
El punto escondido (o puntada invisible) es el que hace magia: une dos telas dejando la costura prácticamente oculta por el derecho. Es el que se usa para dobladillos de pantalones y faldas, para cerrar el hueco de un cojín después de rellenarlo o para rematar un forro sin que se note ni una puntada por fuera.
La idea es coger muy poquita tela cada vez: la aguja pasa por el doblez del dobladillo y, justo enfrente, pilla solo un par de hilos de la tela de abajo antes de volver a esconderse dentro del doblez. Como apenas atrapas tela por el derecho, la costura desaparece. Ve despacio y con puntadas pequeñas y separadas; aquí la prisa se nota mucho más que en las demás.
El punto de festón: rematar bordes y asomarte al bordado
El punto de festón (o punto de ojal) es la puntada más vistosa de las cuatro, y por eso es un puente estupendo hacia el bordado. Sirve para rematar un borde para que no se deshilache —es el clásico de las mantas de bebé y de las labores en fieltro— y, a la vez, deja un acabado decorativo muy bonito, como una cenefa de pequeñas eles a lo largo del canto de la tela.
Se trabaja en el borde de la tela: sacas la aguja, la vuelves a clavar un poco más allá dejando el hilo por debajo de la punta, y al tirar se forma ese remate en forma de escuadra sobre el filo. Cuando le coges el aire, es de las que más engancha, porque el resultado se ve precioso enseguida. Es, además, la base de muchos remates que luego se usan en bordado, así que dominarla te abre una puerta entera.
Con estas cuatro tienes cubierto lo esencial: unir provisional (bastilla), coser en firme (pespunte), rematar sin que se vea (punto escondido) y terminar bordes con gracia (festón). Si tuviera que decirte por dónde empezar, sería clarísimo: la bastilla para soltar la mano y, en cuanto te sientas cómoda, el pespunte para tu primer arreglo de verdad. El resto llega solo. Y si te apetece un primer proyecto con final feliz el mismo día, coser un botón es la victoria perfecta para estrenar tus puntadas. Antes de nada, repasa también qué necesitas para empezar a coser: es menos de lo que crees.
Una nota honesta. A muchas nos pasa que coser calma y ayuda a soltar el día. La investigación disponible sobre labores con las manos apunta en esa dirección —en un amplio estudio internacional sobre personas que hacen manualidades (Burns y Van der Meer, 2020, con más de 8.000 participantes) el 89,5 % decía sentirse más tranquila después, y la revisión de Le Lagadec y colaboradores (2024) recopila efectos positivos de las labores de aguja en el bienestar—, pero son sobre todo encuestas y estudios basados en lo que cuenta la propia gente, no un tratamiento médico. Coser sienta bien a muchas personas; es una herramienta de bienestar, y no sustituye a la ayuda profesional si la necesitas.
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Descubre el kitFuentes citadas:
· Burns, P. & Van der Meer, R. (2020). Happy Hookers: findings from an international study exploring the effects of crochet on wellbeing. Perspectives in Public Health.
· Le Lagadec, D. et al. (2024). Healing Stitches: A Scoping Review on the Impact of Needlecraft on Mental Health and Well-Being. Issues in Mental Health Nursing.