Aprender a coser

Bordado para principiantes: los primeros puntos

Love to Flow · 31 de agosto de 2026 · 6 min de lectura

Si estás aquí es porque el bordado para principiantes te llama, pero también te da un poco de respeto: los tutoriales llenos de puntos con nombres raros, los bastidores enormes, los hilos de mil colores. Respira. Para empezar a bordar no necesitas casi nada, y con tres o cuatro puntos ya puedes hacer cosas bonitas. Esta guía es justo eso: lo mínimo para arrancar hoy, sin comprar media mercería y sin sentir que llegas tarde a algo.

Elena y yo empezamos así, con una tela tensada en un aro y un ovillo de hilo que teníamos por casa. Y lo que descubrimos no fue solo una técnica: fue un rato para nosotras, con las manos ocupadas y la cabeza tranquila. De eso también va este artículo.

¿Qué es el bordado y por qué engancha tanto?

Bordar es decorar una tela con hilo y aguja, formando dibujos con puntadas. Ya está. No hay máquina, no hay ruido, no hay prisa. Es una de las manualidades más antiguas que existen y, quizá por eso, tiene algo que calma: el gesto se repite, la aguja entra y sale, y sin darte cuenta llevas veinte minutos concentrada en una sola cosa.

Frente a coser una prenda —donde hay medidas, costuras y cierta presión por que quede recto—, el bordado es más libre. Te equivocas en un punto y no pasa nada: se deshace y ya. Por eso es un punto de entrada tan amable para quien nunca ha tenido una aguja en la mano.

No hace falta que sepas dibujar ni que tengas «manos de artista». Hace falta que te apetezca parar veinte minutos.

¿Qué necesitas para empezar a bordar?

La lista es corta y barata. Con esto tienes de sobra para tus primeros proyectos:

Un bastidor (o aro de bordar). Son dos aros que encajan y mantienen la tela tensa mientras bordas. Uno de plástico o madera de 15-20 cm va perfecto para empezar. Es la pieza que más facilita la vida al principio, porque una tela floja hace que todo quede arrugado.

Tela. Cualquier algodón de trama tupida sirve: una loneta, un retal de sábana vieja, una servilleta de tela. Si quieres algo pensado para aprender, la tela Aida tiene los agujeritos marcados y te guía la aguja; es la que se usa para el punto de cruz. Pero no es obligatoria: se empieza igual de bien en una tela lisa.

Hilo de bordar (mouliné). Es ese hilo de algodón brillante formado por seis hebras que puedes separar. Se vende en madejas por menos de un euro cada una y viene en cientos de colores. Para las primeras pruebas, con dos o tres colores te sobra.

Una aguja de bordar y unas tijeras. Las agujas de bordar tienen el ojo más grande para que pase el hilo sin pelearte, y la punta menos afilada. Unas tijeras pequeñas para cortar el hilo limpio y listo.

Si prefieres no ir juntando cosas por separado, nuestro kit «Quiero usar mis manos» ya trae aguja, hilo y tarjetas con el paso a paso, para que no tengas que decidir nada: abres y bordas. Y si vienes de cero del todo, quizá te venga bien leer antes qué necesitas para empezar a coser, porque muchos materiales se comparten.

Los primeros puntos de bordado, paso a paso

Aquí está el secreto que nadie te cuenta: con cuatro puntos básicos puedes bordar prácticamente cualquier cosa. Líneas, contornos, texto, flores sencillas. Empieza por estos y ve sumando cuando te apetezca.

Punto recto (o punto lanzado). El más simple de todos. La aguja sube por un punto, baja por otro, y ya tienes una línea de hilo. Repartiendo varios puntos rectos en abanico haces pétalos, rayos de sol o hojas. Es el «hola mundo» del bordado.

Pespunte o punto atrás. El punto estrella para hacer líneas continuas y contornos. Sacas la aguja un poco por delante, la clavas hacia atrás en el punto anterior y vuelves a salir por delante. El resultado es una línea seguida, firme, perfecta para escribir una palabra o dibujar el perfil de una casa. Si ya te has asomado a las puntadas básicas de costura, este te sonará: es primo hermano del pespunte que se usa cosiendo.

Punto de tallo. Como su nombre dice, es ideal para tallos y líneas curvas con un poco de volumen. Vas avanzando con puntadas que se solapan ligeramente, manteniendo el hilo siempre hacia el mismo lado. Da una línea con textura de cordón, muy agradecida en flores.

Nudo francés. El que todo el mundo teme y luego adora. Enrollas el hilo dos o tres veces alrededor de la aguja, la clavas cerca de donde salió y tiras despacio: queda un puntito con relieve, perfecto para centros de flores, ojos o estrellas. Sale torcido las primeras veces. Es completamente normal.

Si notas que la aguja te cuesta o el hilo se enreda, no es que lo hagas mal: casi siempre es cuestión de hebras. Usa dos o tres hebras del mouliné (no las seis) y un tramo de hilo no más largo que tu antebrazo. Con eso se acaban la mitad de los enredos.

Tu primer proyecto en 20 minutos

La teoría se olvida; las manos no. Así que hagamos algo pequeño de verdad. Coge tu tela, ténsala en el bastidor y dibuja con un lápiz suave una palabra corta: tu nombre, «calma», «hola». Repásala entera con pespunte y ya tienes tu primer bordado. Si te sobran cinco minutos, ponle un par de puntos rectos en abanico a modo de florecita en una esquina y un nudo francés en el centro.

No busques que quede perfecto. Busca terminarlo. Ese primer trozo de tela bordado —con sus puntadas desiguales y su nudo un poco gordo— es el que te va a enganchar, precisamente porque lo has hecho tú. Cuando quieras dar el salto a proyectos con máquina o sin ella, tenemos ideas fáciles en cómo coser a mano paso a paso.

El primer bordado no tiene que ser bonito. Tiene que estar terminado. Lo demás llega solo.

Bordar para parar (y lo que dice la ciencia)

Más allá del resultado, mucha gente vuelve al bordado por cómo la hace sentir mientras lo hace. Ese estado de estar absorta, con las manos ocupadas y el móvil lejos, tiene algo profundamente descansado. No es magia: es que hacer algo repetitivo y con sentido con las manos ayuda a soltar la cabeza un rato.

Y hay investigación que apunta en esa dirección. Estudios sobre labores con las manos —tejer, bordar, coser— asocian esta actividad con mayor calma y bienestar percibido, y con ese estado de concentración tranquila que a veces llamamos «flow». Es una parte de por qué montamos Love to Flow.

Con honestidad: el bordado no es un tratamiento ni sustituye a la ayuda profesional. La investigación disponible sugiere beneficios en bienestar y relajación, pero son estudios con muestras y métodos limitados, no promesas. Lo tomamos como lo que es: un rato bueno para ti, no una cura. Si estás pasando por un momento difícil, busca apoyo profesional.

Así que si el bordado te apetece, esa ya es razón suficiente. No necesitas justificarlo con productividad. Veinte minutos, una aguja y un trozo de tela: es un plan completo.

¿Te apuntas a coser con calma?

Estamos preparando el kit «Quiero usar mis manos»: tarjetas con QR, aguja e hilo, para empezar a bordar y coser sin agobios aunque tengas cinco minutos. Únete a la lista y entra en el sorteo del lanzamiento.

Descubre el kit

Fuentes citadas:

· Bukhave et al. (2025). Actividades textiles con las manos y bienestar.

· Burns & Van der Meer (2020). Knitting/needlecraft y regulación emocional.

· Riley et al. (2013). The benefits of knitting for personal and social wellbeing in adulthood.

· Le Lagadec et al. (2024). Craft activities y salud mental.

· Keyes et al. (2024). Actividades creativas y bienestar percibido.